Resumen y sinopsis de Madrid, entrevisto de César González Ruano
"Estos artículos (1932-1934) creo que marcan el máximo logro de toda una época mía, y de un modo de entender el artículo para periódico", dice César González-Ruano sobre ésta antología, que recoge la producción de tono más intimista y factura personal de su dilatada labor periodística. Son retratos de personajes y rincones de un Madrid interpretado con pasión por una de las mejores plumas del articulismo español de todos los tiempos.Ha participado en esta ficha: JackNicholson
Artículos escritos, salvo alguna excepción, para el diario ABC entre 1932 y 1934 por uno de esos autores “malditos”, olvidado y recuperado ocasionalmente, más por su vida de crápula envuelta en sombras, auténtica “obra” y creación suya, que por sus textos.
Perteneciente a la estirpe de los buscavidas literarios, su apoyo a la causa nazi y fascista es tal vez la máscara de alguien cuya convicción real bien pudo ser el más puro echarle morro a la vida. Es parte también de ese columnismo que va desde Larra hasta Umbral, o una forma de periodismo que desafía la noción de texto útil, informativo, para convertirlo en un ejercicio de literatura a partir de cualquier tema banal, como pudiera ser un árbol, o el otoño.
Lo hallado en estas piezas, como apenas retenido de la marea diaria y desechable de los periódicos, en principio no es gran cosa. No son reflexiones especialmente originales, agudas o acertadas, tampoco representativas de un posicionamiento político (más bien hay un rechazo de tal concepto); son artículos, diríamos, de relleno, en los que eso sí, destaca una prosa esmerada, barroca, cuajada de imágenes, giros y dejes sentimentales, a menudo en un tono entre nostálgico, escéptico y lleno de desencanto, con algo de crítica de costumbres discreta en la que se percibe, a veces más, a veces menos, una antipatía hacia los nuevos tiempos que traía la llegada de la II República.
Hay un punto de desprecio elitista, contra lo vulgar, y una mezcla de ironía y ternura algo condescendiente hacia lo castizo, popular, ese tópico asumido de que lo español es esencialmente trágico, y hay alusiones muy de época difíciles de entender hoy día. Es también difícil ver aquí el supuesto periodismo innovador y canalla que este señor supuestamente practicó.
Muchos de estos artículos refieren anécdotas históricas, con ocasión de efemérides (el día de Santa Bárbara, el carnaval, San Isidro…) que permita soltar la pulla, evocaciones de personajes como Casanova, Don Juan, el propio Larra, expresivos de la personalidad del “dandy”, retratos de coetáneos; Ángel Ganivet, Federico García Sanchiz, Astrana Marín… figuras muchas veces olvidadas y pertenecientes a esa misma bohemia mísera. Algunos dan pie a comentarios más elaborados y de impronta romántica, como el que trata del amor del español hacia fantasmas del celuloide como Greta Garbo, o el del mundo amoroso del teléfono (en la misma línea). El farolero loco (un tipo con un candil a plena luz del día que de noche desaparece… desubicado como nosotros), “Señora, ¿Se le ha perdido a usted un niño?” (por una vez, una sensible denuncia social de un problema, el abandono de niños), o aquel que trata del escritor como el último a la cola a la hora de ver remunerado su trabajo… tratan al menos de problemas concretos.
Lugares de Madrid, su historia e idiosincrasia, siguiendo una huella, una pista certera que de golpe humaniza; el viaducto de los suicidas, el decadente rastro, el paseo del Prado, el estanque del Retiro, o incluso el problema aún actual de la eterna ampliación del paseo de la Castellana (Madrid, siempre Madrid…). Pero lo más interesante y característico es la semblanza de la vida en los cafés, lugares de trabajo para los literatos, de animadas tertulias, su peculiar fauna y ambiente, a punto de extinguirse; la bohemia, la supervivencia del día a día, el ver la vida pasar. Algo es innegable: Ruano es escritor, es decir, puro oficio de las letras, la lucha por y contra la vida a golpe de pluma.