Resumen y sinopsis de Casas vacías de Brenda Navarro
La maternidad, que casi siempre asociamos con la felicidad, también puede ser una pesadilla: la de una mujer cuyo hijo desaparece en el parque donde estaba jugando, y la de aquella otra mujer que se lo lleva para criarlo como propio. Ubicada en un contexto de profunda precariedad física y emocional, la historia de estas dos mujeres, madres del mismo niño y madres, además, de un mismo vacío, nos confronta con las ideas preconcebidas que tenemos de la intimidad, las violencias familiares o la desigualdad social. Brenda Navarro ha conseguido un prodigio: caminar, sin caerse nunca, sobre la delgada línea que separa el olvido y la memoria, la esperanza y la depresión, la vida privada y la vida pública, la pérdida y el encuentro, los cuerpos de las mujeres y el acto político.
Brutal y descarnada, Casas vacías es una novela dura que cuestiona una de los pilares de la feminidad, como es la maternidad. En un libro que roe las entrañas y que, inevitablemente, obliga a reflexionar sobre el papel de la mujer cuando decide ser madre. Y todo eso con una cortísima duración.
No soy demasiado devota de la nueva ola de escritoras sudamericanas que están proliferando, cual setas en otoño, entre los libros publicados. Por lo que nadie se escandalizará si digo que no conocía a Brenda Navarro, autora de esta novela. Empezaré diciendo que este libro es un ejercicio literario magistral, tan bien hecho que resulta casi increíble que sea la primera historia publicada de esta escritora. Y es Navarro tiene una maestría con la pluma que pocas veces he visto. Posee un estilo de escritura fresco, ingenioso y con una ejecución magnífica que se apoya en una prosa muy dinámica, rica, con un maravilloso desarrollo y una estructura brillante, un lenguaje con demasiada jerga “mexicana” pero comprensible (en su mayoría) y sorprendentemente bien escogido, y unas descripciones poco numerosas, pero concisas y terriblemente bien hechas. Y luego hay que mencionar a los personajes. Navarro ha realizado un trabajo de construcción sublime al crear a dos mujeres anónimas (puesto que desconocemos sus identidades) capaces de representar a todo el colectivo femenino pero a la vez manteniendo unas peculiaridades que les confieren una identidad y un dolor propios.
Casas vacías narra la desesperación de dos mujeres frente a la maternidad, un momento que la mayoría de las nosotras vive con gran alegría, mucha incertidumbre y tolerables dosis de preocupación. Pero intentaré hacer una sinopsis clara que pueda explicar de qué va la cosa. En “Casas vacías”, se narran las historias de dos mujeres muy diferentes en cuanto a vivencias, clase social y orígenes. La primera es madre de Daniel, un niño que desaparece repentinamente mientras estaba con su madre en el parque. La segunda nos habla de los sinsabores de su vida desde que Leonel, el niño que robó del parque, apareció en escena. Cada una, a su manera, debe hacer frente al dolor de la desaparición, la culpa y la violencia en unas vidas rotas por el sufrimiento de tener que lidiar con un desaparecido, con una maternidad difícil y con la absoluta incomprensión del resto del mundo que se dedica a juzgarlas o las ignora completamente. Pero la novela tiene un fallo. Y es uno enorme. Pese a que, la desaparición del hijo y las dificultades de la maternidad son los temas centrales, el libro toca muchos problemas: la violencia de género, la adopción, la pareja, el tema de la estabilidad mental, incluso ETA salen en una historia que se diluye muy rápidamente por que no es capaz de profundizar en nada. Y eso sin contar con el final. El desenlace no solo es obviamente abrupto y abierto. Resulta terrible e increíblemente doloroso. No dejará indiferente a nadie.
Definitivamente, Casas vacías no es una lectura para todo el mundo. Los estómagos sensibles, en especial con el tema de los niños, deben abstenerse. Pero si queréis acercaros lo más posible a la vida inmersa en la duda y al daño que supone no saber si alguien a quien amas está vivo o muerto, habéis llegado al sitio indicado. Te guste o no la historia, empatices o seas indiferente a la tortura de estas mujeres, la lectura de la obra te obliga a ponerte en unos escenarios crudos y oscuros, que no son del gusto de nadie, mientras que la pregunta “¿qué haría yo en esa situación?” no deja de rondarte por la cabeza. Y es que la vida de una persona cuando pierde a alguien muy querido, como un hijo, se queda tan vacía como la casa del título.