Resumen y sinopsis de El misterio del cine de Antonio Costa Gómez
Lérez es un empleado de Correos y acude todos los días a la Filmoteca de Madrid. Un día descubre el modo de transformar las películas en vino. Al ver una película con mucha intensidad sus glándulas fabrican vino que le sale por los poros. Le cuenta ese secreto a una chica en Chicago y empiezan a seguirlo miembros de la CIA, del Mossad, del servicio secreto iraní, etc. Al final se ve abrumado por una botella de Casablanca. Para usted el cine es un baño, dijo Pilniak, una iniciación. Es como sumergirse en el agua. Y quiere convertir el agua en vino, como en el mito cristiano. Convertir el agua en vino, dije, es posible. O sacar miel de la roca, otra frase de la Biblia. El cine es algo milagroso, casi sobrenatural, nos saca de nuestro marasmo, hace que todo parezca valioso. Es la visión pura, es cuando realmente vemos. Cuando vamos por la calle no vemos nada, no nos fijamos en nada. Pero cuando estamos en el cine todo es ver, nos arrebatan las imágenes. Y usted, dijo el general Pilniak, quiere embotellar esa visión. Quizá me gustaría, dije. Parece como lo que dice Robert Bresson en El diablo probablemente, dijo el general, el cine tal vez debería estar prohibido, como decía Tolstoi de la música, porque saca demasiado de nosotros mismos, nos remueve las cosas que están escondidas.
Desconcertante e ilustrativa, El misterio del cine es una de esas novelas de las que no esperas nada, pero que te sorprenden agradablemente gracias a su argumento que combina una historia de acción con una buena lección sobre el séptimo arte. Y aunque en ocasiones el autor destila un poco de pedantería cinéfila, lo hace a unas dosis lo suficientemente pequeñas como para no aburrirte.
El autor de este libro, Antonio Costa Gómez, era un absoluto desconocido para mi. Y, francamente, no creo que me vuelva a cruzar con él en mi camino lector. Y no es que sea un mal escritor, tan solo mediocre. Posee un estilo de escritura simplón, superficial y con una ejecución lamentable. Para ello usa un prosa dinámica pero vacía y con un desarrollo penoso, un lenguaje funcional, plagado de datos superfluos y palabras pomposas y unas descripciones que, en el mejor de los casos, llegan a ser básicas. Y lo peor son los personajes. Su construcción es nefasta. Resultan superficiales, intrascendentes y delirantes. No consigues ni empatizar con ellos ni comprenderlos. Tampoco tienes muchas ganas, la verdad.
La historia que se nos narra en “El misterio del cine” es solo una excusa para que el autor nos explique sus ideas extrañas y enrevesadas sobre el cine y todo el mundo que lo rodea. Y es que de todos los “intelectualoides” con los que te vas a encontrar, los amantes del séptimo arte son los más pesados, rimbombantes y lastimosos de todos. Pero volviendo al libro, aquí va una somera sinopsis de que va semejante fumada. Nuestro protagonista es Lérez, un sencillo empleado de correos, cuya afición es el cine. Siendo como es amante de este arte, va todos los días a la Filmoteca de Madrid, a ver películas y a comentarlas con los asiduos del lugar. Hasta aquí todo normal. El problema es que Lérez es capaz de transformar el cine en vino. Es decir, tras ver una película, la compleja mezcla de emociones que le suscita el film, se transforma en vino que sale por cada uno de sus poros. Como podréis imaginar, este “don” es codiciado por mucha gente, obligando a nuestro protagonista a pasar inadvertido y haciéndole vivir numerosas aventuras completamente inverosímiles y tan películeras como el cine del que habla. Y es que en cada capítulo el autor nos “deleita” con algún aspecto sesudo, refrescante o simplemente curioso sobre la afición del protagonista. El resto de los personajes tiene muy poca relevancia en la trama, salvo un segundo narrador al que desconocemos y que nos cuenta algunos de los encuentros que tiene con el protagonista, aunque no sabemos realmente el propósito de estas historias. Y poco más puedo contar. Al final, no te queda claro nada. La obra termina sin dar explicaciones, como una de esas malas películas que pretende acabar con un final grandilocuente y lo único que consigue es crear confusión y hastío.
En resumen, El misterio del cine es una obra pesada que deja traslucir cierta arrogancia y condescendencia con el gran público al que se le considera un ignorante en cuanto a cuestiones audiovisuales. Pero lo que el autor desconoce es que sus divagaciones pretenciosas dejan traslucir rápidamente sus intenciones haciéndole quedar bastante mal. Así que, salvo que seáis devotos de este arte, no la recomiendo. Y es que el único “misterio” que hay por aquí es cómo se ha podido publicar semejante libro.